Posted on / by Manuel Torres

Reseña Years and Years

Si estás leyendo este artículo, imagino que esperarás una reseña sobre el pedazo de miniserie que (una vez más) se ha marcado la BBC. Years and Years, sin duda, se ha colocado como una de las revelaciones de este año (con únicamente seis capítulos) pero con una premisa que, por pura debilidad humana, es absolutamente irresistible: el futuro.

Sin embargo, el sendero temporal que recorre la historia de Russell T. Davies (Dr. Who) no sitúa al espectador en un punto lejano que nos tranquilice y nos permita disfrutar del espectáculo en un mundo que consideramos ajeno, para nada. Davies busca jodernos vivos porque lo que nos plantea es el ya mismo, el proceso por el cual el mundo que ya conocemos, la inmediatez, transita hacia el desastre.

Este sendero se inicia en el año 2020 y avanza hasta quince años después, en una Gran Bretaña post-Brexit y con un panorama geopolítico internacional dominado por la insostenible tensión entre Estados Unidos y la República Popular China, donde las crisis migratorias y las desigualdades sociales se agudizan cada vez más y con una situación económica paupérrima. ¿Os suena? Davies genera una crisis de pánico cada diez minutos de metraje.

El visionado es, como poco, adictivo. ¿Qué son seis horas seguidas cuando te están mostrando tu futuro ya pasado y el de los tuyos, como si te estuvieran leyendo la mano en la trastienda de una santería? Y es que no hay mejor recurso narrativo que hacer que el espectador se vea totalmente identificado en las personas que aparecen en pantalla y los Lyon lo consiguen, y con creces, especialmente en sus innumerables reuniones y celebraciones en la vieja casa de la abuela. Con una paella en el centro de la mesa, el espectador español podría pensar que está viendo un Cuéntame futurista, salvando las evidentes diferencias culturales con la british way of life.

Hasta aquí, la serie es entretenida, con buenas tramas y sólidas interpretaciones, pero hay un hecho diferencial con otra ficción similar existente hasta la fecha: Vivienne Rook. En la primera escena de la serie, Danny Lyon, funcionario del área de housing (encargado de la acogida a refugiados) del ayuntamiento de Manchester, escucha en televisión a una tertuliana de un programa de prime time decir en antena “I don’t give a fuck” cuando es preguntada por el conflicto palestino-israelí.

Mientras Danny, indignado, exclama “Es un monstruo”, esta tertuliana prosigue con su discurso “Sólo quiero que recojan la basura en mi calle y que la gente pare de aparcar en la acera”, levantando los aplausos del público y convirtiéndose, en minutos, en trending topic mundial. Rook se convierte desde ese momento en uno de los pilares narrativos de la serie. Un trabajo diverso, divertido, desgarradamente sufridor y reivindicativo.

Ahora, una vez explicada la serie y sin spoiler alguno sobre la trama principal, el aspecto en el que me quiero centrar a partir de aquí es en Vivienne Rook, esa tertuliana de la que os estaba hablando y que interpreta de forma magistral la oscarizada Emma Thompson. Autodefinida como “emprendedora”, fundadora de un think tank y con participación en medios de comunicación, esta embustera profesional comienza a tejer una red de seguidores en diferentes sectores sociales de la población británica. Su arma, la de siempre: los malditos lugares comunes, mantras simples y llanos con los que todos, también los intelectuales que se las dan de superiores al bien y al mal, podemos acabar asintiendo. ¿Os suena?

El siguiente paso que toma nuestra querida entrepreneur, nos lo sabemos todos antes de que ocurra en la pantalla y es dejar de ganar seguidores para empezar a crear hooligans, dicho de otra forma, dar ese “salto a la política” del que tanto hemos oído hablar cuando de frikis histriónicos se trataba. Su primera andadura política tiene lugar en 2022 y es un absoluto fracaso: derrotada en su distrito electoral por el longevo diputado laborista que defendía el puesto. Sin embargo, entonando el “Por ahora” que hizo célebre a Hugo Chávez (válgame el ejemplo), Vivienne decide no rendirse y emplaza al público a “esperar a verla de nuevo”.

A partir de aquí, los siguientes pasos en la carrera política de Vivienne Rook no son, ni más ni menos, que un ejercicio de política comparada por parte de Russell:

Funda un partido propio, con el nombre 4 Star Party, el cual evoca a su primera aparición televisiva y que, para Beppe Grillo y su 5 Stelle, es un dardo político tan claro como el plateado pelo de Vivienne.
Una vez dentro del Parlamento, tras la defunción del diputado que la derrotó en 2022, la sobreexposición mediática de Vivienne llama la atención de algunos personajes principales como Danny, que no comprende cómo recibe tanta cobertura mediática si “no es nadie”. Esta magnificación de un fenómeno político en una etapa totalmente residual la hemos visto, en el caso de España en varios fenómenos políticos de diferente tipo como pueden ser Jesús Gil cuando sólo era el alcalde de un municipio de Málaga o, más recientemente, la cobertura mediática que recibió VOX a partir del acto de Vistalegre en octubre de 2018, cuando no contaban con representación institucional y, más especialmente, tras diciembre del mismo año, al obtener 12 escaños en el parlamento de Andalucía.
Con todos estos ingredientes en el caldero, llega la situación a la que, en el caso español, los académicos progresistas llamaron “ventana de oportunidad” al estudiar el fenómeno Podemos. Con la convocatoria de elecciones anticipadas en Reino Unido será el campo de batalla en el que Vivienne hará despegar a su partido y la apuesta da resultados: diputados suficientes para ser la llave de la gobernabilidad.
Cabe mencionar, pues es uno de los puntos más significativos, la línea que traza Russell entre Vivienne y Silvio Berlusconi cuando la primera decide rechazar los canales oficiales para lanzar su mensaje electoral y unifica toda su comunicación en una plataforma mediática propia en la que, ininterrumpidamente, es vista en pantalla cocinando, consolando a la mujer de un veterano e incluso dando clases de baile. Puro entretenimiento Mediaset style.
Por último, la desafección política generada por la falta de acuerdo y el anuncio de repetición electoral (seguimos hablando de la serie), catapulta a nuestra tertuliana al cargo de Prime Minister. Los espectadores, al igual que los Lyon, no nos imaginamos cómo será el mandato de la nueva inquilina del 10 de Downing Street y a quienes leéis esto, os dejo que lo descubráis de primera mano.
En este punto, ante un panorama político incierto y desesperante y una constante amenaza de empeoramiento de la situación económica, cabe preguntarse qué nos depara el futuro inmediato, yo más que esto, imploro: Dios nos salve de una política en manos de quienes entienden el periodismo como un enemigo de la verdad, al Estado como una empresa, a la política como coaching y el personal branding como el elemento básico en el que fundamentar un proyecto de país.

Cuando termino de escribir esto, Risto Mejide anuncia en antena que se presenta a las próximas elecciones generales del 10 de noviembre con un nuevo partido llamado Peor No Lo Haremos. Realmente no importa mucho si es simplemente un claim publicitario, si va en serio o no. Russell tira con bala y nos avisa: lo que él ha bautizado como Years and Years, puede convertirse en “weeks and weeks” antes de que nos queramos dar cuenta.

Publicado originalmente en Beers&Politics

 

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