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La política en la ficción

La figura del líder político y la personalización del partido, el debate constante, e incluso las redes sociales son algunos de los elementos que han convertido a la política en una especie de espectáculo, que en ciertas ocasiones sirve como entretenimiento para el votante y espectador. Si entretiene en la realidad, también lo hace en la ficción. La política en la pequeña y en la gran pantalla siempre ha estado presente, es un tema recurrente. Rara es la serie o la película que no tenga una mínima referencia hacia ella. En otras, además, es el tema principal de las tramas. Si hablamos de series políticas podemos distinguir entre los géneros clásicos, drama y comedia.

Respecto al primero, la gran serie dramática de la última década es, sin lugar a duda, House of Cards. La ficción protagonizada por Kevin Spacey, relevado por Robin Wright en la última temporada, se centra en la historia de un congresista de Carolina del Sur con residencia en Washington D.C. Desde el epicentro de la política estadounidense, se muestra a la perfección la ambición del matrimonio formado por Frank y Claire Underwood por el poder, por el cual lucharán sin ningún tipo de piedad a través del engaño y la inteligencia de ambos. Los grandes discursos del protagonista “rompiendo la cuarta pared” es decir, hablando directamente a cámara sin que los demás personajes sean conscientes, es uno de los elementos que más destaca.

Entre las históricas encontramos El Ala Oeste de La Casa Blanca, donde en 1999 el antiguo gobernador de New Hampshire es el actual Presidente de los Estados Unidos. Fuera de la gran pantalla el Presidente estadounidense era George W. Bush, republicano,sin embargo, Jed Bartlet (Martin Sheen) era demócrata en la ficción.Siguiendo con el drama también destaca Borgen, serie danesa aclamada por la crítica, y las estadounidenses Madam Secretary y Sucesor Designado.

Respecto al segundo género, la comedia, donde existe una ridiculización de los personajes en la ficción (superada en ocasiones por la realidad) como gran destacada está Veep protagonizada por Julia Louis-Dreyfus interpretando a la Vicepresidenta de los Estados Unidos, Selina Meyer. En esta comedia no se hace ni una sola mención a los partidos tradicionales estadounidenses. Se hace referencia al gobierno y a la oposición. En palabras de la protagonista: “Es una serie sobre la cultura política”.

Algo parecido ocurre con la serie española Vota Juan/Vamos Juan, donde ninguno de los partidos se menciona. Esto puede deberse a la polarización del país desde hace unos años. Al no mencionar el nombre de los partidos, ridiculizándolos y tratándolos de corruptos
provoca una mayor atracción en un espectador ya posicionado ideológicamente, ya que no critican unas siglas, sino a la clase política. En esta comedia el Ministro de agricultura Juan Carrasco (Javier Cámara) pretende hacerse con la Secretaría General del partido en el Gobierno.

Destacan también, The Politician, entre las comedias de los últimos años y Yes Minister, entre las clásicas. Haciendo hincapié en la ficción estadounidense, cabe destacar que el protagonismo se lo suele llevar el Partido Demócrata por encima del Republicano. Protagonizan House of Cards y El Ala Oeste de La Casa Blanca, mientras que en Sucesor designado y Madam Secretary el protagonista es independiente. En Veep directamente no existen ninguno de los partidos. En la gran pantalla, el protagonismo de un partido u otro no es tan claro.

Respecto al cine, podemos diferenciar entre las que están basadas en hechos reales y las que no. Entre las historias reales, a través de las cuales se pueden ver momentos históricos del país norteamericano tenemos: Lincoln, que narra la historia del presidente de los Estados
Unidos en su lucha por abolir la esclavitud, Buenas noches y buena suerte, que muestra el enfrentamiento por la independencia del periodismo, Argo, con el rescate a seis diplomáticos estadounidenses secuestrados en Irán y Todos los hombres del presidente, que cuenta el descubrimiento del Watergate, caso que acabaría con la presidencia de Richard Nixon.

Entre las historias que no están basadas en hechos reales, Los Idus de marzo, dentro del drama, se centra en las primarias del Partido Demócrata estadounidense y lo hace dándole importancia a los asesores políticos. Por otra parte, la comedia En campaña todo vale
ridiculiza unas elecciones al congreso.

Centrándonos en España destaca El Reino, donde un político autonómico ve su carrera interrumpida por las filtraciones de una trama de corrupción en la que se ve involucrado.

En definitiva, la política se ha convertido en puro entretenimiento, en la realidad y en la ficción. Es el espectador, y votante, el que determinará si la primera supera a la segunda.

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