Posted on / by LaBase

Mascarilla obligatoria: Un gesto que nos protege

Los datos son alarmantes, no hay vuelta atrás, sólo hacia adelante. En un escenario cada vez más incierto donde un virus se ha hecho con el control de nuestras vidas, no sólo nos queda esperar, sino actuar con consciencia, a sabiendas que cada gesto importa y que la mascarilla es un imprescindible en nuestro día a día.

De acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad, “cualquier agrupación de tres o más casos confirmados o probables con infección activa en los que se ha establecido un vínculo epidemiológico”, y es que un brote deja de estar activo cuando pasan catorce días desde el último positivo.

En nuestro país, la situación actual más grave se registra en Cataluña y es por ese motivo por el que el uso de mascarilla se está fomentando como prevención contra los contagios, así como en otras comunidades autónomas, como es el caso de Extremadura o las Islas Baleares.

¿Y si solo usamos la mascarilla?

Sea de la forma que sea, usar mascarilla no basta para lograr un grado suficiente de protección o control, de modo que es preciso adoptar otras medidas personales y comunitarias para contener la transmisión de virus respiratorios. Se usen o no las mascarillas, es más importante que nunca mantener la higiene, en particular la de las manos, así como guardar respeto a las normas de distanciamiento para que la transmisión del COVID-19 acabe mermando.

Las autoridades sanitarias lo recuerdan y subrayan: el uso obligatorio de mascarillas no controlará (per sé) los rebrotes y por ello, personalidades del campo de la salud púbica como el profesor Gabriel Leung, de Hong Kong y también en coronavirus, advirtió de que cada infectado podía traspasar el COVID-19 a otras cuatro personas, debida a la nueva mayor agresividad del virus.

El mundo actúa de maneras dispares respecto a las respuestas de este virus que muta constantemente y es que, con cálculos como los de Amnistía Internacional, donde se estimaban que más de 3.000 los profesionales sanitarios han fallecido por el virus de forma global, por no mencionar la alarmante cifra en cuanto a la pérdida de vida de ciudadanos, la cual ronda las 571 mil en la todo el planeta.

Algunos líderes actúan de acuerdo con sus cargos de responsabilidad y otros, como Bolsonaro o Trump, no cesan en su convencimiento escéptico y, de hecho, el contagio del primer mencionado ha conseguido debilitar cuantiosamente la imagen internacional de su patria, así como por las gestiones adoptadas.

plantilla-estudio-labase

Salir de casa sin mascarilla en ciudades tan cosmopolitas como Tokio o Seúl puede acarrear miradas acusatorias por parte del resto de viandantes y es que esta clase de comportamiento está siendo adoptado dada la situación a la que nos enfrentamos, puesto que el uso de mascarillas en lugares públicos está configurándose dentro de la definición de la conocida como «nueva normalidad».

A pesar de que Donald Trump se niegue a utilizar la mascarilla y su uso no haya sido generalizado en todo el país, en otros puntos del mundo como Singapur, las multas atribuidas a aquellos que no lleven pueden ascender hasta los 254 euros, aproximadamente.

La mascarilla no es la panacea contra el coronavirus, sino nuestra actitud. En definitiva, este no es un asunto de «libre-elección», sino un concepto de solidaridad y seguridad pública. Los casos asintomáticos son los portadores más peligrosos de esta cepa y también los más silenciosos, ya que ni siquiera ellos son conscientes de portar el virus. Cada país es un mundo, con su climatología, sus gentes y costumbres, pero el COVID-19 no sabe de fronteras y nosotros deberíamos crear unas visibles y tácticas para frenarlo, siendo consecuentes y parando los pies a este viajante sin escrúpulos.

Cristina Iglesias

 

Tags: